La desesperación de Cantuña

09.10.2024

Así pues, satisfecho el sacerdote por haber encontrado alguien dispuesto a tan gran trabajo, dejó todo en manos de Cantuña. Pero, al pasar el tiempo, nuestro protagonista vio que no tendría tiempo ni recursos para terminar el trabajo y, desesperado, rezó a Dios por varios días para que hiciera caso de sus plegarias, a ver si le ayudaba, pero tristemente no escuchó ninguna respuesta.

La desesperación de Cantuña ya era tal que se vio obligado a rezarle justo a quien no se debe rezar: el Diablo. A diferencia de Dios, el señor del inframundo acudió presto a su llamada. Tras escuchar la solicitud de Cantuña, el Diablo le dijo que le ayudaría a terminar la iglesia rápido, pero, a cambio, le tendría que dar su alma, trato que nuestro protagonista estuvo de acuerdo.

Cantuña era muy listo, y se atrevió a pedirle al Diablo poner una cláusula al trato en el que si, al momento de realizar el encargo el trabajo no estaba realizado antes de las 6 de la mañana, el trato se cancelaba. El Diablo, que no dudaba para nada de sus poderes ni de la habilidad de sus secuaces infernales, estaba más que convencido de que el templo estaría listo antes de llegar a esa hora.

Lucifer mandó a sus diablillos a la zona de construcción quienes, temerosos de la ira de su líder, se pusieron manos a la obra para acabar la Iglesia. Tan endiabladamente ocupados estaban y ensimismados en lo que hacían que no se dieron cuenta de que Cantuña retiró un ladrillo mientras estaba aún fresco y observaba como los secuaces del mismísimo señor de las tinieblas estaban trabajando creando un templo para Dios.

Pasaron las horas y el templo parecía acabado. El Diablo se presentó ante Cantuña y justo delante del atrio del nuevo templo el señor del inframundo reclamó su trato, llevarse el alma de Cantuña. De fondo estaban sonando las campanas que indicaban que eran las 6 de la mañana y, mientras el Diablo se preparaba para recibir su recompensa, el quiteño empezó a reírse, invitándole a que comprobara si realmente estaba terminado el trabajo. El Diablo y sus diablitos observaron que no, que faltaba justo un ladrillo y que, por lo tanto, no se había cumplido el trato.

Y así fue como el hábil Cantuña engañó al Diablo haciéndole trabajar para Dios, consiguiendo satisfacer al sacerdote de Quito y ganándose el mérito de haber construido un templo él solito.

Moraleja: El alma es lo mas preciado que alguien puede tener, es el motor de nuestra vida y se rompe cuando se toman malas decisiones.

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© 2024 Robin Millan, La Leyenda de Cantuña de Quito, Ecuador 
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